LOS ÓRGANOS SENSORIALES

La importancia de la información
Por obvio que parezca, sólo se puede comer si se sabe dónde está la comida. Y sin comer el animal muere. Este principio fundamental es el que ha regido en la evolución, entre muchas otras cosas, para desarrollar toda una serie de elementos que ayudan al animal a encontrar los nutrientes necesarios. Las plantas tienen menos problemas a este respecto, pues se limitan a absorber a través de sus raíces, y con ayuda del agua, los elementos químicos que están disueltos en el suelo. En cambio, el animal debe buscar los nutrientes, para lo que se han creado órganos sensoriales que perciben la luz, identifican las sustancias químicas disueltas en el aire o en el agua y detectan los cambios mecánicos, ya sea porque varía la presión o porque se produce un roce. Garantizado el alimento que permite existir al individuo, estos mismos sentidos le han permitido desempeñar otras funciones, principalmente las reproductoras, que garantizan la supervivencia de la especie, es decir la vida.
Los receptores químicos
Son los más importantes para la supervivencia individual, pues, al fin y al cabo, el alimento no es más que una serie de elementos químicos que adoptan forma de fruta, de semilla o de carne. Por consiguiente, en todo el reino animal podemos encontrar los más variados sistemas y métodos de percibir esas sustancías. Conviene distinguir dos tipos principales de receptores: los internos (los interoceptores), que informan al animal de las condiciones en su medio interior, por ejemplo del exceso de un elemento circulante en la sangre, y le permiten tomar las medidas adecuadas, y los externos (exteroceptores), que pueden resumirse en dos sentidos básicos, el gusto y el olfato. Los primates los tenemos en la cavidad nasal y en la boca, pero muchos insectos degustan el alimento con las patas.
Los restantes Sentidos
